sábado, junio 11, 2011

Ella...

Ella, tan amada,
tanto, que una lira se desbocó en lamentos
nunca oídos antes de labios plañideras;
lamentos que conformaron un mundo
en el que todo volvía a estar presente: bosque y valle
y camino y pueblo, campo y ría y animal;
y que en torno a este mundo-lamento, igual
que en torno a la otra tierra, iba un sol
y un silencioso cielo estrellado,
un cielo-lamento con estrella deformadas:
Ella, tan amada.

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