Siempre he sido una persona que evita problemas, pero una vez que los tengo los afronto. Eso no quiere decir que no me importe mi entorno, simplemente me preocupo por cosas importantes.
Casi nunca sé lo que ocurre en mi casa, me entero meses después, pero me da igual ya que son cosas sin importancia y puedo vivir sin saberlo. En cambio me intereso por la política, por los avances tecnológicos, por el mundo de las artes, etc. Me preocupo por lo que me interesa, lo que realmente me interesa.
Eso tampoco quiere decir que no quiera a mi familia, simplemente con el tiempo he aprendido que sólo hay que aprender y aprender, los problemas sólo dificultan la enseñanza y sin cultura no llegas a ningún sitio.
También soy muy despistada y olvidadiza con los problemas y obligaciones pero eso es algo inevitable, lo llevo desde que nací. Por eso cuando alguien me ve, tengo una actitud despreocupada, apacible y tranquila como si en mi vida no hubiese novedades y ocupaciones. No es así, los tengo, pero simplemente no me altero mucho. Sé que están ahí y también sé que se irán, es un simple mecanismo que tengo más que aprendido. Lo mejor es afrontarlos sonriendo día a día, no me gustaría que me recordasen por estar siempre “en otro mundo”.
No soy muy sociable, simpática lo justo y amable cuando debo serlo. Dedicarle una sonrisa a alguien que ni conozco me parece hipócrita, una sonrisa hay que sentirla porque es la irradiación de tu felicidad interna, obviamente alguien desconocido no me puede hacer feliz.
Hablando de felicidad, voy a decir lo que pienso de ella. La felicidad para mí es comparable con un enfado. Para mí la felicidad no es una cualidad ni un sentimiento, es como un enfado. Cuando te enfadas normalmente es durante un corto periodo de tiempo y luego se te pasa, pues lo mismo con la felicidad. Sé que es algo extraño, pero para mí es así. No se puede estar un día entero feliz, ni un día entero enfadado. Pero se puede estar melancólico o apagado. Para mí es tan difícil que me enfade a que esté feliz, no lo puedo predecir.
Llega el momento en que quiero decir mucho pero no sé cómo expulsarlo. Mmm…
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