El cabello de una persona me puede llamar la atención. La sonrisa de una persona me atrae. La mirada es la única que puede enamorarme. Y no, no penséis en unos ojos con pestañas kilométricas y ojos claros, porque caeréis en el error del canon universal de belleza. Los ojos más bonitos para mí son aquellos que me dejan intrigada, los que con un parpadeo me transportan a otro lugar mejor. Cada persona tiene una mirada distinta, y cada mirada es un mundo por descubrir.
En mis momentos de meditación personal ( eufemismo de aburrimiento), pienso y le doy vueltas a miles de cosas. Ninguna con sentido para los demás, pero lo suficiente extrañas para mí.
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