El que me llama fiera y
basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala;
el que me llama ingrata,
no me sirva;
el que desconocida, no me conozca;
quien cruel, no me
siga;
que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta
desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna
manera.
Yo, como sabéis, tengo
riquezas propias y no codicio las ajenas;
tengo libre condición y no
gusto de sujetarme: ni quiero ni aborrezco a nadie.
No engaño a éste ni
solicito aquél, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro.

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